El poder de las algas como bioestimulantes agrícolas es un concepto que avanza en interés conforme se conocen mejor sus compuestos, sus acciones sobre la planta, la mayor oferta de formulados comerciales, los métodos de aplicación, etc.

Han pasado siglos desde que, de forma más o menos consciente, se utilizasen puntualmente, a que actualmente suponga todo un nuevo modelo en el ámbito de la agronutrición y una industria creciente que lo avala.

La respuesta al porqué del crecimiento de este mercado, la tiene en tres ámbitos muy interconectados entre sí: El vinculado a las personas (incremento de la población mundial), en el social (mejor alimentación y lucha contra la desnutrición), y el planeta… en un contexto de incremento de consciencia medioambiental y de sostenibilidad.

Categorías Funcionales de Productos CFP 6: Bioestimulantes de plantas.

A nivel legislativo, desde que en junio de 2019 se publicase el Reglamento (EU) 2019/1009 sobre productos fertilizantes y se incluyese en él por primera vez esta especialidad agrícola con grupo propio (CFP 6: Bioestimulantes de plantas), dentro de las diferentes Categorías Funcionales de Productos (CFP), estos gozan de un marco jurídico que permite desenvolver la actividad de forma más consensuada.

También en este Reglamento, se define por primera vez este término y se le desliga completamente del concepto de producto fitosanitario. Tal y como se indica en el Anexo I del Reglamento EU 2019/1009, los bioestimulantes “son productos cuya función consista en estimular los procesos de nutrición de las plantas con independencia del contenido de nutrientes del producto, con el único objetivo de mejorar una o varias de las siguientes características de las plantas y su rizosfera: la eficiencia en el uso de los nutrientes, la tolerancia al estrés abiótico, las características de calidad, o la disponibilidad de nutrientes inmovilizados en el suelo y la rizosfera”.

Profundizando en este CFP6, estos se catalogan en dos categorías según su origen: Los microbianos cuando están compuestos por los microorganismos listados en la Categoría de Materiales componentes 7 (CMC 7). Por ejemplo, los Azotobacter spp., Hongos micorrízicos, Rhizobium spp. y Azospirillum spp.; y los de origen no microbiano, cuando cuyos componentes pueden pertenecer a cualquiera de las demás categorías mencionadas en el Anexo II del reglamento. Precisamente en este segundo grupo, es la que pertenecen los extractos de algas.

A nivel mundial y según la firma internacional de análisis de mercados Standard & Poor’s, el mercado mundial de bioestimulantes superó los 3.000 millones de dólares en 2022, teniendo una cuota del 40% de este total las formulaciones basadas en extractos de algas.

Algas en el fondo oceánico

Algas para bioestimulantes.

Desde las especies microscópicas y unicelulares hasta las especies pluricelulares o macroalgas, las algas son esenciales en los ecosistemas marinos de todo el planeta. Sirven de sustento y refugio para numerosos organismos, e incluso son capaces de cambiar las propiedades fisicoquímicas del medio en el que habitan (Battacharyya et al., 2015).

De todas las especies de macroalgas descritas hasta el momento, unas 10.000, tan solo un pequeño número de ellas son utilizadas por las personas para fines agrícolas, ganaderos o farmacéuticos. Como consecuencia y de forma generalizada, la demanda es estos tipos de algas ha ido creciendo notablemente y ha dado pie a que ya no solo se recolecten directamente del medio natural, sino que se han introducido sistemas artificiales de cultivo (Michalak & Chojnacka, 2014).

Las algas para el sector de los bioestimulantes, se catalogan en tres grupos: Las algas pardas (Phaeophyceae), entre las que se encuentran las especies Ascophyllum nodosum, Ecklonia máxima, Laminaria digitata y Fucus vesiculosus; las algas rojas (Rhodophyceae), como Chondrus crispus, Palmaria palmata y Gracilaria spp.; las algas verdes (Chlorophyceae), con especies como el Chlorella vulgaris, Dunaliella salina o Ulva spp.

De todas ellas, las algas pardas o Feofitas son las más utilizadas en agricultura, siendo además las más estudiadas el Ascophyllum nodosum, la Ecklonia máxima, la Saccharina longicruris y el Fucus vesiculosus.

Obtención de extractos de algas para bioestimulantes.

Para la formulación de productos bioestimulantes que contienen una mayor o menor concentración de extractos de algas, hay empresas especializadas en la obtención de estos extractos para su siguiente venta a empresas formuladoras, así como empresas que trabajan todo el proceso: obtención como materia prima, formulación de productos y puesta en el mercado bajo marca propia.

En el procedo inicial y en la elaboración del extracto, el método es muy importante, así como la especie de alga elegida. A partir de aquí, se procede una importante cantidad de variables que tiene su reflejo en el completo catálogo de bioestimulantes agrícolas que puede encontrar el agricultor para su disposición.

Así, los efectos del producto resultante, la elección del alga, el método extracción, el procesamiento y su composición final, determinarán su efectividad como bioestimulante.

Puesto que, el proceso de extracción es un factor diferenciador en un extracto de algas, hay que tener en cuenta que básicamente se suelen utilizar dos procesos: el químico y el físico.

En el primero, se aplica a las algas una base fuerte, disolventes químicos o elevadas temperaturas, para extraer sus componentes solubles, con la consecuencia de que se puedan perder algunas de sus buenas cualidades que sí se encuentran cuando el alga está en fresco.

En los segundos, los métodos físicos, carecen de ataques químicos, consiguiendo extractos, en opinión de los fabricantes, superconcentrados y de mayor eficacia en los cultivos. Unos y otros procesos, han desarrollado técnicas diferentes, algunas de ellas patentadas en la actualidad.

Alga parda Pelvetia canaliculata

Compuestos en los extractos de algas.

Sabiendo que, en función del tipo de alga y método de extracción, de las algas se pueden extraer una gran cantidad de polisacáridos complejos, que no suelen estar presentes en las plantas terrestres y de ahí su gran poder bioestimulante.

En términos generales, algunos de estos componentes bioactivos son las fitohormonas (auxinas, giberelinas, citoquininas, …), reguladoras del crecimiento y desarrollo de las plantas; oligoelementos esenciales (hierro, zinc, manganeso, cobre, …), cruciales para diversas funciones metabólicas y enzimáticas en las plantas; polisacáridos que actúan estimulando las respuestas de defensa en las plantas; aminoácidos, componentes necesarios para la síntesis de proteínas; y antioxidantes que les ayudan a combatir determinados tipos de estrés oxidativos.

En función de la formulación y combinación de estos componentes bioactivos, en agricultor va encontrando, cada día más, un catálogo de productos bioestimulantes como herramienta para obtener mejores cultivos en un marco de agricultura más sostenible.

Beneficios agrícolas de los extractos de algas.

Las empresas asociadas en AEFA, en su conjunto, ponen a disposición de los agricultores a nivel mundial, un completo catálogo de bioestimulantes agrícolas en sus diferentes formulados, incluyendo en ellos a los bioestimulantes con extractos de algas como materias activas.

Teniendo en cuenta los diferentes grupos y tipos de algas, las formas de obtención de sus extractos, sus complejos componentes bioactivos, … ¿Cuál es el poder de las algas como bioestimulantes agrícolas? Pues son muchos, si bien su aplicación en el cultivo debe ir acompañado del conocimiento profesional necesario, aspecto que las empresas fabricantes potencian con su red de asesores comerciales como motor de transferencia tecnológica entre empresa y agricultor.

Por poner algunos ejemplos del aporte de los bioestimulantes en las plantas, estos interactúan en aspectos como el aumento de la actividad metabólica de la planta, la mejora del vigor y el crecimiento vegetativo, la potenciación del desarrollo de sus raíces, la mejora de la síntesis de la clorofila, favorecen la floración y el cuajado de los frutos, aportan mayor resistencia al estrés hídrico y térmico, favorecen la recuperación ante problemas fitopatológicos, participan en la mejora de las propiedades físicas y retención de humedad del suelo, contribuyen a incrementar la actividad de los microorganismos del suelo, etc.

En definitiva, numerosos efectos beneficiosos en los cultivos, siempre y cuando sean aplicados de forma adecuada, porque han demostrado ser bioactivos que estimulan a la planta a producir sus propias hormonas, así como su capacidad de contribuir en la absorción y translocación de nutrientes esenciales presentes en el suelo.

Imágenes wikipedia

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