Proyectos como SEAWINES, NOVATERRA y Grupos Operativos trabajan en innovación y resiliencia ante el cambio climático para una transición hacia una producción sostenible.
En este marco, la viticultura actual se encuentra en una situación donde convergen la presión climática, especialmente severa en las regiones de clima cálido, y la necesidad de cumplir con las exigentes normativas de la Unión Europea bajo el marco del Pacto Verde y la estrategia De la Granja a la Mesa.
En este escenario, los bioestimulantes agrícolas han dejado de ser un complemento opcional para convertirse en herramientas biotecnológicas fundamentales. Estos productos, diseñados para optimizar la fisiología de la planta y la salud de la rizosfera, permiten reducir la dependencia de insumos sintéticos mientras mejoran la respuesta del cultivo ante estreses abióticos como las olas de calor y la sequía.
La investigación y desarrollo en este campo ha experimentado un crecimiento exponencial. Instituciones como el INIA reportan un incremento del 40 % en proyectos relacionados con bioestimulantes en el último lustro, reflejando un esfuerzo coordinado entre la Institución y la industria.
Recientemente, un exhaustivo trabajo de revisión y transferencia, publicado originalmente en el portal especializado Acenología (referente del sector enológico impulsado por la Asociación Catalana de Enólogos – ACE), ha puesto de relieve los avances más significativos en la aplicación de estas soluciones en el viñedo español. En dicha labor han participado expertos de primer nivel como Emma Cantos-Villar (IFAPA), Iratxe Zarraonaindia (UPV/EHU – Ikerbasque), Raúl Ochoa-Hueso (UCA), Felicidad de Herralde (IRTA), Catina Aveledo (Bodegas Barbadillo) y nuestra gerente en AEFA, Camino García Martínez de Morentín.
Proyecto SEAWINES y el potencial de las macroalgas en el viñedo.
Uno de los pilares de la innovación actual en bioestimulación es el aprovechamiento de recursos marinos bajo criterios de economía circular. El proyecto SEAWINES ha centrado sus esfuerzos en evaluar la capacidad de extractos procedentes de algas verdes (Ulva spp.) y pardas (Rugulopteryx okamurae) para mejorar el rendimiento vitícola.
La Ulva ohnoi, conocida popularmente como lechuga de mar, destaca por su rápido crecimiento y su capacidad de secuestro de CO2. Sus extractos, ricos en el polisacárido sulfatado ulván, han demostrado propiedades bioestimulantes y una notable eficacia en la mitigación de patógenos como el mildiu en condiciones controladas.
Por otro lado, la investigación sobre la especie invasora Rugulopteryx okamurae representa un hito en sostenibilidad: transformar un problema ecológico en las costas andaluzas en una solución agronómica. Su alto contenido en potasio, calcio y polisacáridos como el fucoidano la posicionan como un candidato robusto para la biofertilización y el biocontrol.
Los resultados tras cuatro años de estudio son esclarecedores. En variedades como Tempranillo y Syrah, la aplicación de estos extractos no solo mejoró la fisiología de la planta y la producción final, sino que incidió directamente en la calidad enológica. Se observaron mejoras sustanciales en la composición polifenólica de la uva, especialmente en el contenido de antocianos y en el perfil de volátiles (terpenos) del mosto, factores determinantes para el valor comercial y sensorial del vino.

Grupos Operativos Suelos Vivos y Viñas Vivas, en la regeneración de suelos y biodiversidad.
La salud del suelo es el punto de partida de cualquier estrategia de sostenibilidad. Los Grupos Operativos Suelos Vivos y Viñas Vivas han trabajado en la regeneración de viñedos en zonas de baja fertilidad, como el Marco de Jerez, integrando prácticas que combinan la microbiología con el manejo tradicional.
El enfoque de Suelos Vivos apuesta por la inoculación microbiana basada en la fermentación de microorganismos autóctonos de la propia rizosfera de la vid. Esta técnica, combinada con el uso de cubiertas vegetales y el pastoreo controlado de ganado ovino, acelera la recuperación de la biodiversidad edáfica.
Por su parte, Viñas Vivas se centra en proteger la productividad durante el periodo crítico de transición hacia el manejo ecológico. El uso de bioestimulantes microbianos en esta fase permite compensar la competencia inicial de las cubiertas vegetales por los nutrientes, asegurando que el rendimiento y la calidad no se vean comprometidos mientras el suelo recupera sus niveles óptimos de materia orgánica.
Un aspecto destacable de esta línea de investigación es la capacidad de los inoculantes microbianos para modular el llamado «terroir microbiano». Se ha observado que pueden influir en las propiedades organolépticas, produciendo en ciertos casos vinos con menor graduación alcohólica y mayor acidez, perfiles que cuentan con una demanda creciente en el mercado internacional actual.
El Proyecto NOVATERRA en las estrategias de biocontrol y agricultura de precisión.
En el marco europeo del programa H2020, el proyecto NOVATERRA ha abordado la reducción del uso de fitosanitarios químicos mediante la integración de productos de biocontrol y tecnologías de precisión. La investigación subraya que, si bien los inductores de resistencia y microorganismos antagonistas son piezas clave, su eficacia máxima se alcanza dentro de un sistema de Manejo Integrado de Plagas.
Los ensayos realizados en la cuenca mediterránea (España, Francia, Italia, Grecia y Portugal) demuestran que la respuesta a los bioestimulantes es altamente dependiente de la interacción entre la variedad, el tipo de suelo y el microclima. Esto refuerza la tesis de que la bioestimulación no debe aplicarse de forma genérica, sino basada en un diagnóstico técnico previo que considere las condiciones específicas de cada explotación.
El manejo del estrés hídrico y térmico en climas cálidos.
El cambio climático se manifiesta en la viticultura del sur de Europa a través de un adelanto de la fenología, paradas prematuras del crecimiento y una senescencia foliar anticipada. Para mitigar estos efectos, es necesario un manejo nutricional avanzado.
En regiones como Jerez, donde el riego suele estar limitado o no disponible, la bioestimulación se orienta hacia la resiliencia y la longevidad de la cepa.
Un ejemplo práctico de éxito fue la gestión de la campaña 2022, marcada por olas de calor extremas. La implementación de soluciones ricas en ácido ortosilícico permitió a las plantas regular mejor el transporte de nutrientes esenciales y reducir la pérdida de agua por evapotranspiración. Al fortalecer las paredes celulares con silicio, las vides mantuvieron un mejor equilibrio hídrico y una respuesta fisiológica superior, evitando la desecación de racimos y permitiendo completar el ciclo de maduración con éxito.
Este tipo de intervenciones demuestra que el conocimiento de la fisiología vegetal y el uso de insumos tecnológicos permiten mantener la viabilidad económica del cultivo incluso en escenarios climáticos desfavorables.

La metodología para la elaboración de bioestimulantes microbianos locales.
Para los interesados en la economía circular, el protocolo simplificado desarrollado en estos proyectos ofrece una hoja de ruta clara para aprovechar la biodiversidad local. Entre los diferentes puntos del protocolo se encuentran:
- La selección y recolección: Identificar plantas con vigor y salud excepcionales para extraer muestras de suelo de su rizosfera.
- La tierra y fermentación: Utilizar subproductos del propio viñedo (madera de poda, raspones) con una relación C/N de 30:1, añadiendo activadores como las lías.
- El procesado: Tras un periodo de fermentación en oscuridad de dos meses, se procede al secado del inóculo a temperaturas controladas (máximo 30°C) para preservar la viabilidad de los microorganismos.
- La aplicación: Se recomienda una dosificación de 400-500 mg/ha, con varias aplicaciones foliares durante el ciclo para maximizar el establecimiento de las colonias beneficiosas.
La perspectivas futuras y compromiso sectorial en la viticultura.
La integración de los bioestimulantes en la viticultura no representa una moda, sino un cambio de paradigma necesario y respaldado por la evidencia científica. La colaboración entre empresas asociadas a AEFA, centros de investigación y productores es la única vía para garantizar que estas innovaciones lleguen al campo con plenas garantías de eficacia y seguridad. En esta línea, la investigación continua en los mecanismos de acción moleculares y la optimización de los métodos de aplicación, serán los ejes que definan la viticultura de la próxima década.
Además, al adoptar estas soluciones, el sector no solo responde a las exigencias regulatorias, sino que asegura su propia supervivencia y competitividad, ofreciendo al consumidor vinos que son el reflejo de un ecosistema equilibrado y respetuoso con el medioambiente. La sostenibilidad, en este contexto, es sinónimo de rentabilidad y futuro para nuestras zonas rurales.