El potencial de hidrógeno constituye uno de los factores químicos más influyentes en la fisiología vegetal y en la eficacia operativa de los insumos agrícolas.

En el ámbito de la agronutrición, los reguladores de pH se definen como formulados específicos diseñados para modificar o estabilizar la concentración de iones de hidrógeno en el agua de riego, en soluciones hidropónicas o en los caldos destinados a tratamientos foliares. Por lo tanto, la correcta gestión de este parámetro es muy importante, ya que condiciona tanto la asimilación de los nutrientes por las raíces como la estabilidad de las moléculas aplicadas para la protección y estimulación de los cultivos.

La diversidad funcional y tipologías de reguladores

La industria química y agronutracional ha desarrollado diversas categorías de estos coadyuvantes para dar respuesta a las diferentes calidades de agua y necesidades de los cultivos.

Los agentes acidificantes componen el grupo más extendido, debido a la alta prevalencia de aguas duras y de naturaleza alcalina en las principales zonas hortofrutícolas.

Por otra parte, los reguladores alcalinos intervienen en escenarios específicos donde las fuentes de agua son excesivamente ácidas o cuando ciertos insumos requieren un entorno básico para asegurar su correcta solubilización.

Una mención especial merecen las soluciones tampón, también conocidas como reguladores buffer, cuya tecnología no se limita solo a corregir el pH, sino que mantiene dicho valor constante frente a las variaciones provocadas por la posterior aportación de otros fertilizantes o bioestimulantes.

Adicionalmente, los formulados de hoy en día, suelen incorporar funciones secundarias de valor operativo, tales como agentes tensioactivos que optimizan la humectación foliar o compuestos antiespumantes que facilitan el llenado seguro de los tanques de mezcla.

La dinámica química y su mecanismo de acción

El funcionamiento de estos productos se basa en una interacción molecular inmediata dentro de la disolución acuosa. Por ejemplo, al incorporar un agente acidificante basado en combinaciones de ácidos inorgánicos u orgánicos en aguas con elevados niveles de carbonatos y bicarbonatos, el producto actúa liberando protones al medio. Estos protones libres neutralizan los iones hidroxilo y rompen las moléculas de bicarbonato, transformándolas en agua y dióxido de carbono gaseoso que se disipa. Este proceso químico y en función de la dosis, reduce de manera controlada y predecible el pH del agua hasta el rango objetivo.

En el caso de las soluciones buffer, el mecanismo permite un equilibrio dinámico entre un ácido débil y su base conjugada, lo que otorga a la mezcla la capacidad de contrarrestar tanto los incrementos como los descensos repentinos de la acidez, amortiguando las reacciones químicas indeseadas durante la incorporación de múltiples componentes en el tanque.

Los reguladores de pH en el riego y las aplicaciones foliares

La necesidad de incorporar estos reguladores radica en la alta sensibilidad de las materias activas y los nutrientes frente a procesos como la hidrólisis alcalina o ácida.

Cuando se preparan caldos para aplicación foliar con aguas de pH inadecuado, productos como los fitosanitarios, agronutrientes, bioestimulantes agrícolas o correctores de carencias, por ejemplo, sufren una degradación acelerada que reduce notablemente su persistencia y su capacidad de penetración a través de la cutícula foliar. Es entonces cuando ajustar el agua de forma previa asegura que la inversión en insumos se traduzca en una respuesta agronómica efectiva.

En el ámbito del riego localizado y la fertirrigación, el control del pH también evita la precipitación de sales insolubles que obstruyen los emisores y goteros, garantizando la uniformidad de la distribución del riego. Asimismo, mantener un pH óptimo en el bulbo húmedo asegura que los nutrientes permanezcan en formas químicas solubles y asimilables por el sistema radicular. Productos como el ácido fosfórico o ácido nítrico se encuentran entre los más populares en fertirrigación.

Puntualizar que, bajo el concepto de reguladores de pH, también se encuentran aquellos aportados e incorporados al terreno de cultivo, si bien este grupo de productos son denominados enmiendas. Este es el caso de la caliza calcítica (carbonato de calcio), la caliza dolomítica, la cal viva (óxido de calcio), el azufre elemental o el sulfato de hierro, por ejemplo.

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