El género Trichoderma contempla a diversas especies de este hongo utilizados en la formulación de los bioestimulantes microbianos por sus mecanismos de acción y valor agronómico.
Para una visualización en contexto, con la entrada en vigor del Reglamento (UE) 2019/1009 se ha marcado un punto de inflexión en la industria de los fertilizantes, definiendo por primera vez de forma armonizada a los bioestimulantes de plantas como productos destinados a mejorar la eficiencia nutricional, la tolerancia al estrés abiótico y la calidad de las cosechas.
En este escenario, los microorganismos han cobrado un protagonismo esencial, figurando el género Trichoderma como uno de los ‘actores’ biológicos permitidos para la Categoría Funcional de Producto (CFP) 6(A): Bioestimulante de plantas microbiano.
¿Qué define biológicamente al género Trichoderma?
Trichoderma es un género de hongos filamentosos, presentes en los suelos agrícolas, que se caracteriza por su alta capacidad saprofítica y su interacción dinámica con el sistema radicular.
Estos, no se consideran aportes de nutrientes per se, sino catalizadores de procesos biológicos que optimizan los recursos ya presentes en el suelo o aplicados mediante la fertilización convencional. Como consecuencia directa, su capacidad para colonizar la rizosfera de forma rápida los convierte en aliados estratégicos frente a las exigencias de una agricultura que busca reducir su huella ambiental sin comprometer la rentabilidad.
Mecanismos de acción de los hongos Trichoderma.
El método de actuación de Trichoderma es complejo y se basa en una comunicación química constante con la planta. Estos hongos actúan mediante la liberación de enzimas y metabolitos secundarios que inducen respuestas sistémicas en el vegetal.
Entre sus acciones, actúan como solubilización de nutrientes, facilitando la disponibilidad de elementos inmovilizados en el complejo arcillo-húmico o en la micosfera; En el caso del desarrollo radicular, estimulan la proliferación de pelos absorbentes, incrementando la superficie de exploración de la raíz; y como inducción de resistencia, activan las rutas metabólicas de la planta relacionadas con la tolerancia a estreses abióticos, como la salinidad o el déficit hídrico.
Clasificación y selección de géneros Trichoderma.
A nivel taxonómico, el Reglamento contempla el uso de estos microorganismos siempre que su seguridad esté demostrada.
Entre las especies más empleadas en la fabricación de insumos para el sector hortofrutícola destacan Trichoderma harzianum y Trichoderma viride, por su estabilidad en condiciones de campo y su compatibilidad con otros insumos microbianos como Rhizobium spp. o Azotobacter spp., también incluidos en la CMC 7 (Categoría de Materiales Componentes).
Sobre el proceso de fabricación y su potencial industrial, la producción de Trichoderma para el sector agro se realiza bajo estrictos protocolos de biotecnología, generalmente mediante fermentación líquida o sólida. El objetivo es obtener propágulos infectivos (esporas) de alta viabilidad que puedan integrarse en formulados estables.
En el caso de las empresas fabricantes de bioestimulantes, el hongo Trichoderma ofrece un gran potencial debido a su versatilidad de formulación. Pueden presentarse como hongos puros o, de manera más técnica, en mezclas con otros hongos, productos fertilizantes, etc. donde coexisten con polímeros de nutrientes o extractos vegetales, potenciando el efecto bioestimulante final bajo una única declaración UE de conformidad.
La aplicación de Trichoderma en cultivos hortícolas y frutícolas.
La aplicación de estos formulados debe ser entendida como una inversión en la salud del sistema suelo-planta. En cuanto a los momentos óptimos de intervención suelen ser en las etapas de semilleros y trasplante, con el objetivo de garantizar que el hongo sea el primero en ocupar el nicho ecológico de la raíz.
Otros momentos es el de máxima demanda energética, como la floración o el cuajado, donde la eficiencia nutricional es crucial.
Por otra parte, los métodos de aplicación varían desde el tratamiento de semillas hasta la fertirrigación, siendo necesario asegurar que el producto llegue a la zona activa de la rizosfera.
En el mercado, estos productos se encuentran sobre todo en forma sólida (polvos mojables) o líquida (suspensiones concentradas), debiendo cumplir siempre con las tolerancias de concentración establecidas.
Destacar que, aunque su impacto en las empresas asociadas a AEFA se centra en la bioestimulación, es interesante para los investigadores y técnicos, conocer que Trichoderma posee usos en la industria textil y papelera gracias a su potente capacidad para degradar celulosa. Esta «robustez» enzimática es precisamente la que le otorga su ventaja competitiva en el suelo frente a otros microorganismos menos eficientes.