La industria de los agronutrientes y productos bioestimulantes se encuentra en un momento de reajuste legislativo. Destacar que, desde finales de 2024, la reforma del Reglamento de clasificación, etiquetado y envasado de sustancias y mezclas (CLP) ha generado una lógica preocupación en el sector fabricante.
La irrupción del paquete de simplificación Ómnibus IV.
Las exigencias iniciales en materia de publicidad, ventas a distancia y, especialmente, en el diseño físico de las etiquetas, planteaban un escenario de difícil ejecución técnica. En este sentido y ante el riesgo de sobrecostes operativos y complicaciones en la gestión de stocks de productos destinados al uso profesional, la irrupción del paquete de simplificación Ómnibus IV se presenta como un balón de oxígeno para la competitividad de las empresas españolas.
Este paquete normativo, que camina en paralelo a la revisión del Reglamento de Fertilizantes UE, busca reducir las cargas administrativas sin que ello suponga un retroceso en los niveles de protección de la salud humana y el medio ambiente.
Para las empresas asociadas a AEFA así como resto de firmas del sector, este movimiento de la Comisión Europea representa una transición desde un marco regulatorio excesivamente rígido hacia un enfoque donde la proporcionalidad y la realidad industrial ganan protagonismo.
De un CLP rígido a un enfoque de flexibilidad operativa.
El punto de partida de esta reforma introducía obligaciones que, en la práctica cotidiana de una planta de envasado o un departamento de exportación, resultaban complejas.
El Reglamento CLP de 2024 establecía reglas muy estrictas sobre el formato y la legibilidad, imponiendo tamaños de letra y disposiciones gráficas que saturaban el espacio disponible en sacos pequeños o envases con etiquetas multilingües.
A esto se sumaba la complejidad de la venta online, obligando a reproducir una cantidad ingente de información técnica en plataformas digitales, incluso en transacciones puramente profesionales (B2B).
La llegada del paquete Ómnibus pretende corregir estas asimetrías. El objetivo no es otro que introducir flexibilidad donde antes había imposición. Para un fabricante de bioestimulantes, por ejemplo, la gestión de múltiples mercados internacionales exige un aprovechamiento milimétrico del envase.
El riesgo real de incumplimientos involuntarios o de tener que retirar producto del mercado por cuestiones puramente formales, ha impulsado esta necesaria revisión, que ahora apuesta por soluciones de diseño más realistas y adaptadas a la diversidad de formatos de los insumos agrícolas.
Los principales cambios en el diseño y la gestión del etiquetado.
Uno de los avances más significativos que plantea el Ómnibus es la desaparición de los tamaños mínimos de letra obligatorios de forma rígida. En su lugar, se establece que la legibilidad se regirá por guías técnicas desarrolladas por la ECHA (Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas).
Este cambio de paradigma permite que el fabricante optimice el diseño en función de las características del producto, priorizando la información de seguridad esencial sin comprometer la estética comercial ni la capacidad de incluir varios idiomas en un mismo soporte.
En cuanto a la gestión de los tiempos, la normativa reconoce que la industria química y de fertilización no puede reaccionar de forma instantánea a cada cambio regulatorio sin generar un desperdicio masivo de materiales de envasado.
Aunque se mantiene el principio de actualizar las etiquetas sin retrasos injustificados, el Parlamento Europeo propone un margen máximo de hasta 18 meses para completar la adaptación tras cambios significativos. Este plazo es fundamental para la planificación logística y la sostenibilidad económica de las empresas, permitiendo una transición ordenada que respeta los ciclos de rotación de stock.

La diferenciación estratégica entre el canal profesional y el doméstico.
Un aspecto de especial relevancia para los asociados de AEFA es la distinción que el Ómnibus introduce entre el usuario profesional y el consumidor final.
Históricamente, el sector ha reclamado que no se traten de igual forma productos destinados a un agricultor profesional o un técnico agrícola, que aquellos dirigidos al público general. La nueva propuesta limita las obligaciones más farragosas en materia de publicidad solo a aquellos productos peligrosos destinados a consumidores finales.
En el ámbito del comercio electrónico, el enfoque también evoluciona hacia la simplificación. En lugar de exigir la reproducción íntegra de la etiqueta en la web, bastará con facilitar la información esencial: identificación clara del producto y los elementos básicos de peligrosidad (pictogramas y frases de riesgo).
Para el mercado profesional, esta exigencia será aún más laxa, reduciendo la burocracia digital en las fichas de producto y centrando el esfuerzo informativo en lo que realmente aporta valor para la seguridad del aplicador y la eficacia del tratamiento en el cultivo.
El mecanismo «Stop the Clock» como un respiro para la industria.
Quizás la medida más pragmática adoptada recientemente sea la denominada «CLP Stop the Clock Regulation», aprobada a finales de 2025. Su función es clara y funcional: suspender la aplicación automática de las obligaciones más estrictas del CLP mientras se termina de negociar el paquete Ómnibus.
Gracias a este mecanismo, se retrasa hasta el 1 de enero de 2028 la entrada en vigor de diversas disposiciones sobre formato, publicidad y ventas a distancia.
Para los departamentos técnicos de las empresas, esto significa evitar un doble esfuerzo de adaptación. No tendría sentido obligar a las compañías a cambiar sus etiquetas ahora bajo las reglas de 2024, para tener que modificarlas nuevamente meses después tras la aprobación definitiva del Ómnibus.
Este «parón en el reloj» legislativo aporta seguridad jurídica y permite que la versión simplificada y proporcional se consolide como el estándar definitivo antes de que el sector deba acometer inversiones masivas en su imagen y envasado.
Un horizonte de seguridad y competitividad para el sector.
Desde AEFA, entendemos que este proceso legislativo refuerza el compromiso del sector con la estrategia De la Granja a la Mesa. La sostenibilidad no solo reside en la formulación de productos más eficientes y respetuosos, sino también en una normativa que sea aplicable y no genere ineficiencias en la cadena de valor.
En este sentido, el Consejo Europeo ya marcó su posición a finales de 2025 y se espera que el Parlamento someta a votación el texto definitivo antes del verano de 2026.
Destacar que, la simplificación propuesta en el Ómnibus IV y VI no representa, bajo ningún concepto, una relajación en los estándares de seguridad alimentaria o protección ambiental. Al contrario, al hacer las normas más claras y realistas, se facilita su cumplimiento efectivo.
Los fabricantes de fertilizantes y bioestimulantes pueden así centrar sus recursos en la investigación y el desarrollo de nuevas soluciones nutricionales y de bioestimulación, garantizando que el agricultor reciba información precisa, útil y perfectamente alineada con los requisitos de seguridad vigentes en la Unión Europea.
La evolución del CLP debe ser vista como una oportunidad para profesionalizar aún más la comunicación técnica, asegurando que cada envase que sale de sus fábricas sea un vehículo de conocimiento y seguridad para el campo.